Maestra
Mujer del valle, del monte, del mar y cordillera,
arcilla roja y azucena,
ternura callada, danza de espiga y panal de abeja,
estrella que brilla escondida en la hierba,
cubierta de rocío y de palabra bella.
Labraron tus manos con pluma sincera
como cincel silencioso en roca abierta
un camino de versos entre recuerdos y tristezas.
Chispa en la mirada, voz de fuego,
aliento y temple que atizó el viento
huíste del humo que aligeró esa fuerza
sobrevolando cielos como águila fiera.
llevaste silenciosa carga
cruzando mares y toda la tierra.
Flor triste, corazón de hoguera,
huella de zarza amarga
y árbol que ensombrece la siembra
con palabras despeñadas
de las heridas abiertas.
Pajarillo tierno que revolotea
entre cactus y espino
entre montes y laderas
con el vuelo de olvido, y el trino de certeza
entre sus alas el signo
entre sus ojos la noche
que en su regazo acecha.
Abriste tu abrazo bajando la cabeza
y la ceniza del tiempo dobló tu espada de hiedra,
fuiste arrancando hojas de rencores y azaleas
y la vida te negó sonrisa y vertiente
de dicha y placeres que renuevan.
Gota temblorosa con brillo de estrella
¡que se callen las voces que no saben de tristezas!
que nubló su rostro, apagó sueño y amores
que dormían en su huerta.
Arenal que se lleva soledades que no cesan
y llantos que la calman, y voces que doblegan.
Rezo y letanía acompañó su destino
y su casa fue el viento
y su morada el trigo
que fecundó la brisa y a su alma dió abrigo.
Mistral, es un viento frío y seco
pero tú Gabriela dejaste el corazón
en el monte chileno
y riegas la tierra con tu llanto hecho verso.
Malu de Lujan

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