
Disoluto el tiempo, penetrando irrebatible,
soltando amarras y las aguas detenidas del silencio,
deja caer en la fuente sortilegios.
Filón perfecto de encantamiento
fruto que se instala en nuestro pecho,
sestea madrugadas entre mimos y embeleso.
Soberbia providad susurra en nuestra hambre
desde la grieta de ocultos sentimientos
y solemnes las palabras que gravitan sin protestas
caen desde el bufo que aprisiona nuestro cuerpo.
Gustoso manjar ansiado, aglomera rehogado
en la espera del silencio, y promete placeres
de inusitado color, que ofrece cortesía, apañado, diestro.
Mi antojo acostumbrado, hacedero inamovible
que establece su norma despecho indiscreto;
desciende a la osadía que rebela desacuerdo
ante visible, solapado, y libertino desenfreno.
¡Qué mas dá!
si me abandono por momentos
y vivo un desliz que desemboca en desaciertos.
¡Cuánto garbo mantenido!
¡cuánta lágrima!
soledad que desafía de un enlace muerto.
¡Cuánta pródiga reseña de apatía
ante el amor y el sexo!
¡Qué mas dá!
Si seré casta y pudorosa
aún, seducida... ¡por los vientos!
Malu de Lujan

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