
Tods las manos que tratan de alcanzarme
se vuelven polvo y ceniza ácida
que evaporan su deseo.
Todas las bocas que atentan con palabras
este gélido silencio
quedan gravitando adheridas
en ese arritmico precipitar de chuvascos
lluvia intermitente sobre mi frialdad.
Solo prevalece el barroso transitar
de lágrimas en esta pordiosera soledad.
Porque nadie volverá
en este coherente absurdo
de lo que me toca vivir
yacimiento de prolijo infortunio
sin apostolado
a revestir mi vida de nuevo entusiasmo.
Nadie será sustento, escolio y ribera
que engarze mi atormentada agudeza.
De nada sirvió en lo trivial o sagaz
darme cuenta, tarde, de una estática verdad
que penetró en mi alma
como inexpresiva y traicionera flecha.
Malu de Lujan

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