
El hijo que no veremos nacer
ha clamado ver la luz
desde su navío de rosas
y encadenado permanece
en la paradoja cósmica
de su nube de nácar
ignorado, triste.
Ve como los fluídos hipnotizan
¡otras sombras!
y su cadenciosa liturgia
otorga olvido
de espejismo y muerte
y desintegra nuestras vidas
en su diafragma.
Se pierde en el limbo pigmentado
la cofradía de nuestros cuerpos
marchitandose
y nuestra fantasía no alcanza
en la floresta cotidiana
ovillo verde que acaricia
nuestros sueños inconclusos
para unirnos y dar origen
en el corazón del mundo
esa gota de luz
que perpetúe nuestra sangre
y aliente en el silencio
de nuestra arena distante
un nuevo soplo que palpita
y nos mueva a sonreír.
¡Pequeño mío!
junco de amor
llovizna suave
que humedece mi vigilia...
¡esta vida ya nó!
sonámbula en el gigante moderno
llamado cáncer
y el horror de tardes que mutilan
mi atalaya terrena
empujo a duras penas
¡lo que queda!
Dios es testigo
que entornando los ojos te he querido
en mi vientre tibio
elevándote como un cometa
poniendo en tu corazón
como una promesa
lo mejor de inmenso mar
que nos habita
y mis manos tristes
carentes de ternura
en sueños se han aventurado a imaginarte
Pero se ha roto la cuerda
que habría de alcanzarlo
y huído para siempre
el coro de pájaros
que no pueden anidarse.
Solo una calle queda
túnel de sombras
pantano de silencio
arco de placeres
desencuentro
y sepultura de ilusiones.
Amor febril y entrega
entre susurros
que no bastan para recoger
en mi naufragio materno
tu velloncito de amor.
A veces sin guerras nos mutilan
vientre y pechos
sin medallas de victoria
por seguir vivos!
No puedo traerte en esta vida
¡perdóname hijo!
Malu de Lujan

No hay comentarios.:
Publicar un comentario