
¡Enséñame!
a derogar la tristeza
alpestre huésped
en el altibajo de mis días.
Soy alondra que se alimenta
del azimo cotidiano
sin derecho a cópula
susceptible de pulimento
ayuno obligado
que conturba la espera
celofán observante
copiosa interrogante profunda.
¡Enséñame!
en la brasca
donde se cuece lento mi deseo
costilla verdadera, no falsa,
de mi lateral verdad.
¡Enseñame!
en este blufar ajeno
donde aprendí a callar y olvidar
que estoy aquí...
como una boba candorosa
con el as de oro en la mano
y la tristeza en el alma.
Perdí el juego
y a nadie le importa.
¡Enséñame!
lo útil de callar
cuando salen las verdades amargas
y lo tiñen todo
azadón que remueve la conciencia
en la labranza sincera.
¡Enséñame!
a aspirar lento
este tabaco que contamina mi arrogancia
y cambia el azoe de mi vida
en mi arabista paisaje
arañazo del destino
solípedo animal
que cobija su defensa
en mi desairado garbo.
Malu de Lujan

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