
Estaba bajo el peso de mi soledad
con el alma destrozada, palpitante,
avergonzada de nubes
que en turbulencia ensombrecían
mi corazón.
Con la libertad cohibida
dueña de mis deseos
mientras el mar a lo lejos acechaba austero.
El alba no derramaba los capullos de alegría
ni levantaba rumores que abrían su secreto.
Arenal sin tiempo
mi vida transcurría sin amor
solo se instalaba en mis ojos
el supremo deseo de encontrarlo
dejando un leve destello lacrimoso y suplicante
y un gemido agazapado en mi garganta
que apretaba su mano sombría
cada vez más.
Mi paraíso eran las letras, que breves,
sin fronteras me han acompañado
en este pasar infranqueable
por mil espacios de infinitos universos,
y la lectura, de tántas voces anónimas
que dejaron en el lienzo de mi memoria
como un manuscrito, su enseñanza.
Tapíz colorido, fuente de mis alegrías,
semilla fecunda que paladea mi sensibilidad
¡a gusto!
Sin embargo, anhelaba una parte de mi
completarse,
encontrar a quien me hiciera sonreír confiada
y alojara un suspiro en mi pecho
y la admiración en mi corazón
por su belleza de alma.
...y apareciste tú...
abriendo mis sentidos
con el sosiego de tu voz
y lo melodioso de tu canto.
Trovador que encanta y dilata mi alegría
vistiéndome de gala y flores de estío,
que acerca la belleza,
caricia imaginada de la dulzura
que vierten tus manos
y tu beso mas puro que el agua
y mas verdadero que una perla en el mar.
Nuevas formas se entretejen
en el arca de mi pensamiento
y nuevo aroma embriaga mis sentidos.
Soy mujer, y estoy alegre,
porque en el silencio de mis noches
está tu voz y tu presencia
para adornar mi sueño.
La tristeza paralizó su envoltorio funesto
y la primavera se anticipa, en este invierno
que esconde entre sus ramas vacías
la soledad
carcajada y burla de un destino cobarde.
Se abre ante mi la flor de la vida
y en el temblor de sus labios
reconozco su misericordia.
La luna llena me cierra su ojo pícaro
y me entrega su sonrisa aprovadora.
Hoy, día especial en que reconocemos
ante el mundo que estamos juntos
sin nieblas que disipen los sentimientos
ni dudas que ofendan el corazón
sueltos los pájaros encadenados
y ese sollozo acurrucado
transformado en lágrimas ardientes
para sonreir finalmente agradecida
que no estoy sola...
¡te encontré en el vasto mundo!
y benébolo el amor...
¡se apiadó de nosotros!
Malu de Lujan

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