
Madre, tus manos cuenca de sagrada vida
isla donde yacen los regalos del mundo
marmita de calor infinito y ternura viva.
Trigal que alimenta, fruta que nutre,
ocaso que adormece, fuente que riega.
Antorcha que guía, himno que embelesa.
Ave soñolienta que abre sus alas de noche
y madrugada, pero atenta.
Madre, cantar en tu nombre, es nada y mi
balbuceo a tientas nada expresa.
Tus manos secaron mi llanto, me dieron nuevas fuerzas
abrigaron mi cuerpo, enseñaron con dulzura y corrigieron con delicadeza.
Me siento desvalida, y se que nada hará que vuelvas
solo se que pude haberte dicho...¡que te amo!...y no te fueras.
Pero a veces el mundo nos envuelve en su marea
y nos dejamos ir olvidando que la llama no es hoguera,
transitamos por lejanas humaredas
y el vaivén cotidiano ángulo que nos trae llanto o tristeza
caminar sangriento de engañosa conciencia
nos hace deambular sin razones que descancen en la sien
que desmorona su paciencia.
Madre, qué tánto hace que te veía llegar por esa puerta?
Malu de Lujan

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