tensaba el arco haciendo ruido
bisbiceo funesto
entre adversidades y prejuicios.
Era el blanco perfecto
lo sentía
pero la veneración filosófica
-que acaba aspiraciones y desenreda interrogantes-
y pre-supone las verdades
antes de ser rebeladas;
torció la cabeza enhiesta
y se retiró compasiva
dejando enmarcada su arrogancia.
Salgo de la escena, punto focal elegido
y me cobijo en mi buena fortuna
de no ser derribada
y sucumbir a ese derrumbe.
Caigo sobre nubes
que sujetan mis huesos
donde están las manos
de los ángeles que me protegen.
Malu de Lujan


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