martes, 20 de febrero de 2007

Cordillera de los Andes

Ruta misteriosa, de versátil anchura me lleva hacia montañas
que emergen enormes recortadas contra el celeste
tapizado de nubes.
Están ahí magníficas esfinges de hielo y arena
erguidas silenciosas enclavadas a la tierra.
Camino tormentoso de curvas cerradas
de peligrosa aquiescencia
va señalado en los bordes con recortes de mosaico
e irregulares piedras.
A lo lejos, en las alturas, diminutas alas negras
de esos montes sobrevivuelan
custodian el silencio, la alborada y la tiniebla.
Cóndores de pecho blanco
y águilas de mirada fiera
centinelas sin descanso al amparo de los vientos
que se cuela entre colinas, monte y cordillera.
Avenida de árboles me recibe
y verde musgo, verde olivo, verde selva,
todos los verdes juntos, matizados cual tropical paleta.
Las montañas están juntas
y tienen caras todas ellas, todas tienen ojos quietos
y sonrisa de princesa.
Me reciben y me acogen, me susurran y me esperan
y me enseñan los colores cual pintores de acuarela.
Algunas duermen, otras vigilan quietas,
pero todas silenciosas nos observan.
Trenza y manto tomadas de las manos
nieve, hielo, las montañas hacen cerco
y se elevan magistrales
custodiando nuestros sueños
con ancestral paciencia.
Mar y Cordillera
Cordillera y Mar
libre curso de los ríos, cantarina cascada,
y manantial
se recoge entre las venas de la tierra
su mensaje y su verdad.
Esta tierra es bendecida, separada y unida
magestuosa cordillera no distingue la orfandad
pues se abrazan como hermanas muy unidas
Cordillera de los Andes, Chile y Argentina
un cordón, una viña, un corazón
y una madre que protege por igual.
En su entraña mucho fuego
como fragua de metal
y en el pecho los dolores, los sollozos,
y en la mirada bondad.
Estoy aquí, entre montañas que sonríen al pasar
y me pregunto
donde habrá otras montañas...
¿será igual?
Malu de Lujan
Chilena

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