¡Cuánto fiero deseo atravesó horadando mi cuerpo!talando la superficie a su antojo
dejando el ruido disonante
de esa blasfema hipócrita de su desdoro.
¡Cuánto calor penetró mi piel sin delicadeza!
con esa sagaz y pícara voluntad
instintiva, tajante,
cortando a pausa, calando hondo
en una faena súbita incomprensible.
¡Cuánto y callado y taciturno desvelo!
lento, perezozo, en una vida cobarde
callada, con el aburrimiento incerto
disimulado entre lágrimas.
¡Cuánto pusilánime grito!
entre las sombras, arriscado y temerario,
pero mordiendo las sábanas
ahogando entre los lienzos nocturnos
esa osadía que arropaba mis sentidos
sin encontrar eco.
¡Cuánta borrasca inútil!
hospedada al fondo de mi ser
¡cuánta injusta y terca repetición!
de un oleaje tibio
que tinturaba de rojo
las mejillas de mi ansiedad
abofeteando con su imprudencia
mi confusa calma.
¡Cuánta astucia del destino!
que me acercó el fuego
retrasando la quema
manteniendo a distancia
su lobreguez candente
dejando solo acerque las yemas
de mis dedos febriles
que viajan en pos de esa deliciosa lujuria.
¡Cuánta retorcida y necia trayectoria!
hasta comprender que el amor
lo toma ¡todo!
y devora con su boca anhelante, húmeda, pasional
apoderándose sin resistencia
en un chocar de lenguas de fuego estimulante
ese estremecido estertor
que consume el aliento
y vacia la garganta, en total abandono
permitiendo esa pequeña muerte entre dos cuerpos
en medio de la vida, de ése éxtasis...
¡que la vida, me debe!
Malu de Lujan

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