martes, 6 de marzo de 2007

T E S T I G O U R B A N O


En el ir y venir, mar azaroso
donde se descuelga
el oleaje furioso
que va esculpiendo mi roca viva
quedan residuos arenosos.
Me alejo de la playa,
y su reproche intermitente
yacimiento de tristezas,
para venir al valle.
Urbano desafío se levanta
sin reparos para ver el sol
desde sus ojos de vidrio.
Ventanales se suceden, de grises edificios,
quietas esculturas de cemento
agobiadas de smog

ocultan el brillo de su garganta
y el orgullo de su silencio.
La ciudad ha crecido...

¡cuánto hace de mi última visita!
Santiago, tiene nuevo rostro
por nuevas arterias subterráneas
recorren rápidos los vagones del metro.
Nuevos mensajes gritan
lo común de su misterio,

gigantografías ocultan la fealdad de su llamado
y aparecen esos rostros, caminantes enardecidos
que van tras sueños sin horario,
sudando y exudando ansiedades,
en rapidez sin decoro.
Emociones calcinadas bajo un clima seco
tristes pájaros rectificados de ala inmóvil
dejan su vuelo olvidado en la cornisa del silencio.
La muchedumbre me agobia,
la rapidez titilante
hace contrapunto con mi dejadez y distingue
arremolinando mis otoños, mis olvidos,
mi primavera y mi estío.
Caen sobre mi ánimo
la nostalgia gris de mi infancia

mi azul adolescencia,
mi verde madurez,
mi rojo presente,
y mi neblinoso futuro.
Atravieza flecha breve dolorosa
desde el arco frágil de pesares.
Santiago es testigo mudo
de estigmas soberbios,

de cruciales rebeldías,
de enojo pueril y descarnado,

de bostezo espiraloso
que quedó resonando
en mi partida,
lejano tiempo de mi primera juventud
cuando las tentaciones
rondaban mi carne inocente,
cuando me sostenían los sueños
imposibles de alcanzar,
cuando creía en la vida y el amor...
cuando no sabía que se puede vivir una vida
en un instante,
y que se puede morir a pausa
¡toda una vida!
Cuando ver el sol de amanecer


y el ocaso confundiéndose
era mas que un día
era sonrisa plácida,
el calor tibio en el alma,
la paz de la espera de todo
lo mejor que el mundo tiene para brindarnos
en ese tapete bordado en seda y oro
transparencia soberbia, inigualable

donde la vida

plasma su dibujo.
Relieves desgarrados,
colgajos y sobrantes mezquinos,
diseño sin terminar,
muestran cual desván fangoso
contiene cajas sin abrir;

la fealdad de su vacío.
Me fuí, en pos de la estrella
que iluminaría mi cielo,
la rosa de fragante éxito,
y en las manos mi arte,
mi pobreza de bienes
y en el corazón la patria
de mis sueños.
Pero solo encontré en el pecado
de olvidarme de mi...
el triste beso de la muerte,
bestiario utópico,
sombra lacerante de sucesivas pérdidas.
Mi precio a pagar por ver el horizonte.
Santiago, sabe, nunca dijo nada,
solo derramó
a tinta de la espera, pues era mi destino.
Y hoy, en este soleado día, catálogo silente
de tántos días ausentes,
me recibe con éstas

migajas en las manos, ¡de tántos sueños rotos!

y me susurra, que aún ¡me espera!...

Malu de Lujan






2 comentarios:

carmen fulle dijo...

Al estar viva se tiene un presente y el poder de proyectarse hacía caminos infinitos ...
Un saludo santiaguino

Malu de Lujan dijo...

Me siento bendecida pude haber muerto tras un accidente hace menos de dos años.
La vida es fragil ¿porqué no dejar hojas impresas con nervadura perdurable en el otoño de la vida?
Un abrazo, malu