miércoles, 28 de marzo de 2007

N O C H E N E G R A



Noche negra de toros
sangre caliente se derrama
mano diestra y lanza
brillo de luz frívola en tus ojos
frialdad que cae en atmósfera siniestra
que solo la luna engalana.
Tú...torero a caballo
engalanado de luces, clavel y mantilla
con destreza y cabeza alta.
Yo...plebeya a pié
junto a la cuadrilla en la fría plaza.
Lidias desde tu gallardía
con la confianza acostumbrada
desciendes y despliegas tu hermosa capa.
No vislumbras el cortejo, ni la gente,
ni la aventura que tu deseo devasta
solo guías el capote
mostrando las virtudes que soberbio
en silencio proclamas sin palabras.
Suena el clarín
se abre la puerta de toriles
y el toro avanza
ese toro de la vida
que sabe y espera
¡una estocada!
Solo hay diálogo de miradas
el toro no retrocede
y tú...¡no avanzas!
Toreas despacio, calculando
que el toro someta la osadía
que brilla antes que embista.
Mueves tu lanza
ves como cuelgan banderillas
en su lomo herido
¡y cómo sangra!
Lleva astilladas sus astas
ya estuvo en el ruedo y fue herido
¡en otras novilladas!
Piensas en trofeos, trebejos y medallas,
y el pobre toro indefenso
¡te mira desde su alma!
Ya no hay en el ruedo,
ni alguacil, ni matador, ni puntillero,
¡solo tú y el toro, que te mira cara a cara!
sin saber las intenciones
que bajo tu capa guardas...
Haces un movimiento de capa
aparecen los corceles ¡a observar la estocada!
El toro regatea el castigo anticipado
y sigue en pié
a pesar del primer quiebro
de una nueva banderilla
en el sesgo de su cuello
¡que le nubla la mirada!
Avanzas...sigiloso...
y viene...¡la certera estocada!
Buril de acero cae
¡en medio del pecho!
que al toro derriba, y el toro cae de rodillas
¡bajo la noche cerrada!
¡Ay!...siento como es lanza atravieza
mi costado, lentamente,
-ahogando el grito funesto-
¡de tu mano amada!
¡Ay! torero...
¡está vacía la plaza!
No hay toro temeroso que huye
de la luz y los gritos
que hacen creer en bravura falsa.
¡Los toros no atacan!
Aleja la espada
que dará ¡muerte a pausa!
y quede el toro vencido, destrozado,
sin clemencia,
a merced de indiferencia
¡agonizando!
con las patas cruzadas y la cabeza gacha.
No hay toro,
¡guarda tu lanza!
y el traje de luces que me encandiló
y dejó ciega
una noche negra
de sangre derramada en la arena
verdad y estocada taurina
sin clarinete...
¡ni capa!

Malu de Lujan

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