
He debido morir para renacer.
Estuve en ese acantilado merodeando,
fíjamente
el rompeolas
sumida en angustia vital.
Un deseo perverso
hollaba mi pensamiento
y no encontraba la señal
de pacífica salida.
Eco perpetuo
orientaba su lamento
y me hacia saltar sobre los riscos,
pero los ángeles que vigilan
me tomaron entre sus brazos
y la caída fue leve
dentro de su gravedad.
Abundancia de esmero
resistencia a un acto vil
escrupulosamente me deja en libertad
atormentada
con el corazón estropeado
desnudo, sin ropaje,
que cubra esa verguenza
de rauco grito
donde sin morir, ¡sobreviví!
Malu de Lujan

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